lunes, 15 de enero de 2018

PEQUEÑO DICCIONARIO VISUAL DE SENTIMIENTOS Y EMOCIONES.

Ya han pasado las fiestas de Navidad y me niego rotundamente a hablar del “Blue Monday”. Allá cada uno con sus penas y alegrías, no dejemos que nos manden los estudios y estadísticas de unos universitarios aburridos de la América profunda.
Hoy voy a hacer un pequeño diccionario visual de sentimientos y emociones.
Soy muy mala gestionando mis sentimientos, quizá por eso busco recursos para llegar a entenderlos. Pequeños trucos que me ayudan a definirme como persona, a entenderme y que al mismo tiempo, me entretienen las tardes de fiesta.
Empiezo por la soledad. ¿Os habéis sentido alguna vez solos? Seguro que sí. La peor soledad es aquella que sientes cuando estás rodeada de gente. La que está acompañada de incomprensión. Quizá por eso asocio la soledad con el cuadro de Edward Hooper “Nighthawks”. Mi paisaje de la soledad no es un desierto, ni una isla, sino una barra de un bar, sin ninguna conversación. Con las nuevas tecnologías, soledad podría ser también un “Smartphone” sin mensajes o un teléfono sin llamadas.
Segundo sentimiento negativo: Aburrimiento. Cuando pienso en esta palabra viene a mi mente una fila de gente esperando. Puede esperar cualquier cosa, en un banco, en un supermercado, o en un aeropuerto para subir al avión.
Furia. La furia es de color rojo. Sí, tiene el mismo color que la pasión. El color rojo es muy versátil. Pero la imagen de la furia también es alguien gritando a la cajera del súper o el golpe seco de un portazo.
Tristeza. La tristeza es la nada. Es la ausencia de cuerpos en la nieve como dijo Gabriel Celaya cuando hablaba de la luna. La tristeza es niebla y silencio. Es una calle de casas cerradas y un escalofrío.
Y como mis sentimientos negativos por hoy acaban aquí, vamos a pintar los positivos.
La alegría es tan plural que puede ser el primer copo de nieve o un día de playa. La alegría no tiene reloj y se puede oler. Huele a sal de mar, a frío de de invierno y a copa de vino en una terraza. Tiene el sonido de una charla, de tu risa y de los instrumentos que se afinan antes de empezar un concierto. La alegría es el día largo, la noche corta y el viento del coche al conducir con la ventanilla bajada. Y es, digan lo que digan, la más poderosa de las sensaciones.
Esperanza. La inmortal. La que siempre aunque sea pequeña, sobrevive dentro de nosotros, dispuesta a crecer y a teñirlo todo del color de un horizonte infinito. La esperanza para mí es un camino. Rodeado de árboles, sin ver el final. Huele a bosque por la mañana, casi al amanecer, porque sabemos que así la luz irá creciendo dentro de nosotros.
Deseo. El deseo huele a tabaco y a madera. Es reconfortante como una tarde bajo un edredón. Es cercanía de piel y roce de chispas. El deseo tiene todos los colores del mundo y quizá por eso a veces cuando nos visita cerramos los ojos.
Amor. Dicen que el amor mueve el mundo. No estoy de acuerdo. El amor nos idiotiza. Es altamente adictivo y peligroso. Como el algodón de azúcar. No puedo ponerle paisaje al amor porque suele trastornar nuestra existencia pintándola de paraíso. Todo lo que sin estar enamorados nos enfadaría o nos pondría nerviosos se difumina y sonreímos como si fuera lo mejor que nos ha pasado. El amor es una noria. Por clásico y tópico que os parezca.
Y mi sentimiento preferido. Felicidad. Tiene butacas rojas en un cine. Es oscuridad y pantalla en blanco y negro. Está llena de cerezos que acaban de florecer en Japón. Felicidad es el aroma del café por la mañana. Es abrir la puerta del museo y empezar a respirar los cuadros. Felicidad es buscar la luna en el cielo y pensar en cuánta gente la estará mirando en ese mismo momento. No tiene un día de la semana, ni una hora del día asignada. Lo bueno de la felicidad es que llega cuando menos te la esperas.


Hasta aquí mi pequeño diccionario de sentimientos y emociones. Un día quizá lo amplíe o lo continúe, quién sabe. De momento os dejo con música que siempre me pone de buen humor. No seáis como yo y aprended a gestionar vuestras emociones. Mientras tanto sed felices. 


miércoles, 3 de enero de 2018

Pantone 448C y otras emociones.

El color más feo del mundo es el Pantone 448C.
Vamos por partes. ¿Qué es Pantone? Pues se trata de una empresa americana, creadora del “PMS” el Pantone Matching System. Esos señores identifican los colores mediante un código para su impresión. Vaya, para que no haya confusiones.
¿Y para qué sirve un color feo? Pues la verdad es que el P 448C ya está siendo utilizado por algunos países para las cajetillas de tabaco. Según los estudios este color se asocia con “Muerte, alquitrán y suciedad”. Yo también lo asocio con “ejército” ya que por mucho que quieran llamarlo verde para mí el Pantone ese, es el “caqui” de toda la vida. Y ¿Cuál es el color más bonito del mundo? Pues según las mil encuestas que he consultado es el “Celeste”. Sí, hasta el nombre es bonito. Ese azul se asocia con serenidad y estabilidad.
Mi nada entendida opinión sobre el tema es la siguiente: no estoy de acuerdo para nada en todas esas patrañas. Aunque uno de mis colores preferidos sea el azul celeste. Pero creo que aunque en nuestro imaginario colectivo casi todos asociamos algunos colores con las mismas imágenes como el rojo en Navidad, el azul en vacaciones y el rosa con el coche de la muñeca Barbie; todos también tenemos tendencia a asociar ciertos colores con sentimientos.
No negaré que los colores claros con los que pintaron el interior de algunos hospitales hace tiempo pueden tranquilizar al paciente. O que en los escaparates del Barrio Rojo de Amsterdam predomina ese color de la pasión. Pero la verdad es que todos nosotros hemos vivido cosas que asociamos con colores. Yo asocio el naranja de la Fanta con las vacaciones infantiles. El amarillo con el calor y los campos de trigo cerca de mi casa. El gris con la soledad. Y el blanco y negro con las fiestas de París a orillas del Sena. También con la vieja pantalla de televisión que me dio una impagable herencia cultural con las películas de la 2. Cuando deseo a alguien un buen día, tengo la costumbre de desearle un “Día Azul”. Cuando tengo un mal día pienso en el color marrón, no en el gris. El dorado es el color de los secretos. El verde el de la riqueza. ¿Por los billetes? No, no soy tan plana, el verde es el color de la naturaleza, de la selva, de respirar hondo y sentirse bien. El malva en cambio, uno de los de la lista de los más bellos del mundo, a mi me recuerda a iglesias y castigos sin patio. Los humanos tenemos ese don y a veces esa maldición de “humanizar” todo lo que nos rodea.
¿A dónde quiero ir a parar? A que en el fondo todo se basa en emociones. Y toda esta emoción está basada en los sentimientos que hemos vivido. Quizá por eso por más estudios y encuestas que se hagan, y aunque lo intenten con todos los trucos posibles, no podrán dominarnos del todo. Porque los sentimientos deberían estar del lado de la libertad. Nadie manda sobre lo que sentimos, a veces ni nosotros mismos. Y por supuesto, como siempre la belleza está en los ojos que miran, y sobre todo en quien sabe encontrarla. Seguro que habrá alguien en el mundo a quien el Pantone 448C le parecerá el color de la felicidad.
Me despido de este primer post del año al lado de una ventana. Fuera los colores son de frío, se mezcla la nieve blanca con los marrones de la montaña, hoy no hay caballos, seguramente han subido arriba y los echo en falta, sin embargo compadezco al que no sepa ver el paisaje perfecto que tengo ante mí. Llenad los colores de emociones, olvidad las listas y los estudios y estos colores serán el arma perfecta el día que los necesitéis. Que tengáis muchos días azules. Sed felices.




viernes, 15 de diciembre de 2017

TODO LO QUE QUIERO POR NAVIDAD

Pronostico que dentro de diez días, algunos de vosotros estaréis a punto de sentaros a la mesa. Calcularéis con ojo crítico la cantidad de turrón que podréis comer sin sentiros mal, el rato que debe pasar entre un plato y otro. Diréis que os gustan los regalos y puede que los vea colgados en “Wallapop” antes de la hora del café. Y brindaréis por la Navidad. Llamaréis a los que están lejos. O les mandaréis mensajes, todo vale. Abrazaréis a los cercanos y seguramente os dormiréis delante de una película alemana donde una madre soltera vuelve a creer en el amor gracias a Papá Noel y a una carta escrita por su hija. Después os quejaréis de las fiestas, calcularéis con muy mala leche las horas de gimnasio que os costará deshaceros del “un día es un día” y tiraréis los envoltorios rasgados de vuestros regalos a la basura.
Y volveréis a quejaros de la pereza que os dan las fiestas y de lo contentos que estáis de volver a la normalidad.

Pero pienso que siempre hay maneras distintas de vivir las mismas experiencias.
Y yo soy de la legión de adultos que cree en la Navidad sobre todas las cosas. No son los regalos. Es la alegría. La buena energía. Son los abrazos. Los mensajes. El ruido de las copas que chocan al brindar. Estoy convencida de que el ruido de un brindis tiene poderes mágicos.Al fin y al cabo, estáis brindando por la esperanza. Es la música y son las luces en la calle. Las películas que hacen reír. Las películas que hacen llorar. Los encuentros con gente que añoras todo el año. El decirle a tu madre que todo lo que ha cocinado está fantástico y hacerla callar cuando como cada año dice: “este año no sé si me ha salido bien”. Aunque sepa que sí. También es seguir algunas tradiciones como escapar de casa el 25 por la mañana para ir a tomar café. Y que la gente te salude con un “Felices fiestas”, aunque no te conozca. Es disfrutar de los turrones porque “un día es un día”, y ya habrá tiempo de quemarlos después. Y si no se queman, pues me parece perfecto porque el invierno es largo y frío. Es esa época en la que tarareas sin darte cuenta a Frank Sinatra, a Michael Bublé y a Mariah Carey. Y además sientes amor. Y pocas situaciones te enfadan. Porque por tradición, en los diez días que nos quedan hasta el día de Navidad, tendríamos que obligarnos a ser optimistas. A ver el lado bueno de todo. A ponerlo fácil a la vida. Y a soñar en imposibles. Y seguir soñando hasta que se hagan realidad.
Lanzo desde aquí mi felicitación para todos. Me gustaría brindar con cada uno de vosotros. Así que desde aquí brindo, os miro a los ojos y os mando mis mejores deseos.
Mi deseo es que seáis capaces de amar y de imaginar. De apreciar y de agradecer aquello que tenéis.
Mi orden es que os pongáis de buen humor cuando terminéis de leer este post. Quiero que os contagiéis de sonrisas y abrazos. Que no os de miedo ser cursis. Que os dejéis llevar.   
  

Y naturalmente ahora más que nunca: Sed Felices.



lunes, 4 de diciembre de 2017

TERRAPLANISTAS VS. SENTIDO COMÚN.

Lo bueno que tiene la vida es que muchas veces te sorprende. A veces para bien, a veces para mal, pero la cuestión es que no te dejen indiferente las cosas. Y nada indiferente me dejó el trending topic de la semana pasada de “Earthflatters”. Los terraplanistas defienden la postura de que la tierra no es redonda. Naturalmente, al principio creí que se trataba de una broma. Pero se ve que hay un alto número de seguidores de esta teoría. Cosa que reafirma dos cosas: mi poca fe en el sentido común de la humanidad y que mucha gente SÍ puede estar equivocada.
Me he leído un montón de foros y páginas web que me han dejado más confusa de lo que estaba. No sobre la redondez de la Tierra, sino sobre los límites de la estupidez de alguna gente. Ya puedes hablarles de pruebas irrefutables, ya puedes apelar a los “Startrails”, al efecto coriolis y al sentido común. Ellos siempre te rebatirán tus razones. Seguramente gritando, que es la manera que tiene la gente de expresar las tonterías.
Pero la cosa va más allá. Existe una página web la www.theflatearthsociety.org donde encontrarás (en inglés) montones de razones por las que un señor llamado Samuel Shenton fundó en 1956 esta asociación, o más bien le puso nombre a otra que ya existía: la “UKS” (Universal Zetetic Society) que vendría a ser como un club de escépticos fundado por otro señor: Samuel Birley Rowbotham  apodado “Paralax”. Claro que este hombre nació en 1816 y también se dedicaba a vender elixires mágicos que lo curaban todo.
Volvamos a la página web. Ante la pregunta de que cómo no han visto quienes han viajado al espacio que la tierra era plana, ellos contestan con un “Se trata de una conspiración”. Ante la pregunta de las evidencias fotográficas, ellos responden que no creen lo que ven en las fotografías. La explicación del día y de la noche sería que el sol da vueltas concéntricas sobre nosotros (para que lo entendáis, imaginad a un buitre planeando sobre su cena) pero no llega a iluminar toda la superficie de la tierra. Olé sus… eso.
Pero como más arriba está el link con la dirección web pues os lo leéis y ya os formáis una opinión.
Por cierto si alguno de vosotros hace alguna búsqueda del tema en internet id con cuidado. Yo navegando por la red he encontrado teorías tan curiosas como “el nuevo orden mundial”, la existencia del “Shambhala” (no confundir con la atracción de PortAventura) y las civilizaciones avanzadas que viven en el interior de la Tierra. A los seguidores de la teoría de la Tierra hueca me encantaría verlos discutir con los terraplanistas. Así, en plan tertulia de tarde. ¿Algun programa se anima?
Voy a despedirme diciendo que respeto todas las opiniones, pero respeto más a la gente que no dice burradas y opta por estudiar antes que creer cualquier cosa que se publica en internet.
Hoy repito canción, pero es que creo que va con el tema y además me encanta. 

Feliz semana, leed, abrid vuestra mente y sed felices. 




lunes, 27 de noviembre de 2017

INSPIRACIÓN

Mis musas están de huelga. O de vacaciones. Hace unos días que no vienen a verme como suelen hacer.
Normalmente me visitan en sueños. A veces en el duermevela, esa frontera mágica entre las seis menos diez de la mañana y las seis y trece. Cuando vienen en sueños, suelen estar felices. Me llevan de la mano a mil sitios y tiempos distintos. Con ellas he tomado champán helado bajo la nieve del cielo ruso. He visto auroras boreales y les he silbado una canción para que bailen para mí. Una vez fuimos a un 4 de Julio a ver los fuegos artificiales desde la orilla de un lago. Y en otra ocasión fumamos opio en un barrio poco recomendable. Vi América antes de ser descubierta por Colón. Y vi también como limpiaban la guillotina después de decapitar a María Antonieta. He visto océanos enfurecidos y he oído como el canto de las sirenas desviaba a marineros que se dejaban llevar por la magia. Conocí a la señora que le hacía la colada a Leonardo Da Vinci. Y acaricié a los gatos de Cleopatra.
Una vez les pregunté a mis musas por qué no me llevaban a los momentos claves de la historia. Por qué no podía ver a Napoleón, conocer a Da Vinci y no a su criada. Ellas se enfadaron conmigo. Y estuvieron un tiempo sin venir. Pero como las musas aprecian la adoración y yo las adoro me perdonaron y volvieron a inspirarme. No volvimos a hablar del tema hasta que una tarde tomando café en el Algonquin de Nueva York me preguntaron. “¿Entiendes ya por qué no conoces a ningún famoso en tus sueños?”
Yo no podía mentir a la fuente de mis inspiraciones y negué con la cabeza. Ya está, pensé. Han vuelto a enfadarse.
“Estás demasiado contaminada con la realidad para ser capaz de ver la belleza. Los humanos estáis cegados por la fama. Pero la inspiración viene de los pequeños gestos. Cuando despiertes Dorothy Parker se sentará en tu misma silla con sus amigos y charlarán de arte, de literatura y se emborracharán. Hace tiempo que no la visitamos porque sabemos que no nos necesita. Ella ha encontrado la inspiración porque sabe mirar al mundo y hacerse las preguntas correctas. Las musas nos escondemos en los detalles. Los gestos de los humanos. Estamos justo antes de que estalle la revolución. Visitamos a Cervantes antes de que escribiera la primera línea del Quijote. Le aconsejamos a Stan Lee que siguiera soñando en superhéroes. Estábamos allí cuando los dueños de la sopa Campbell contrataron a Andy Warhol.
Pero tú no puedes inspirarte en las grandes figuras. Debes beber de la misma fuente que los inspiró a ellos. Debes contactar con la esencia, con lo cuotidiano. Mira la taza de café de la mesa vecina y piensa qué decisión estaba tomando esa señora. O qué fue lo que pensaban en las cocinas de Versalles mientras arriba había música en el salón de los espejos. Fíjate en los detalles”.
Y lo intento. Juro que lo intento. Por eso me gusta observar e inventar historias. Pero las añoro a ellas. Aún no estoy lista para volar sola. Un día lo haré, pero aún necesito que me cojan de la mano y me guíen por el mundo. Si en sueños, veis a mis musas, decidles que las echo de menos. Y mandadles recuerdos. Yo las espero detrás del arco iris.
Os deseo una semana llena de inspiración y de paseos por la cara oculta de la luna. Sed felices.



lunes, 20 de noviembre de 2017

SOMOS LO QUE VEMOS

Mi mente a veces juega a ser rara, quiere ser original y se pone a crear mundos con un código único.
Por ejemplo, asocio imágenes con palabras, cuando pienso en la palabra “Tristeza”, viene a mí una imagen de un domingo de niebla espesa y calles vacías. Cuando pienso en la palabra “Aburrimiento” veo un desierto infinito, dentro de un lento reloj de arena. Los aromas de vainilla y canela los asocio con la gente que me gusta. Y el sabor del chocolate negro lo identifico con la tentación. Las primeras notas de la canción “Take Five” de Dave Bruebeck me aseguran que voy a pasar un buen rato. Y los carteles de las películas en el metro me prometen viajes a lo desconocido.
Y es que nuestra mente, nuestra vocecilla interior, es la responsable de que vivamos las cosas de una manera o de otra. Por ejemplo, puedes ir a un mercadillo, dar una vuelta, tomar un café y volver a casa. Y aquí se acaba todo. Has visto lo que te muestran. No has comprado nada, o quizá sí. Un cuadro de madera que tiene dos años y está fabricado en China, imitando un cartel de los años 50 en Norteamérica. También lo venden en Ikea.

O puedes darte una vuelta por los mercadillos de segunda mano. Y vivirlo. Si yo tuviera un puesto en uno, regalaría el relato de cada objeto expuesto.
Por ejemplo, este reloj sólo marcó las horas felices. No funciona pero son las 3 y 10 como en el cuento de Benedetti, se quedó parado aquí porque fue la hora más fantástica de su existencia. Cómprelo y seguro que algo bueno le pasa a esta hora. Eso sí, debe mirarlo cada día, un reloj se deprime cuando no lo miran y tiende a señalar sólo las horas amargas.
Quédese con este pañuelo, cada vez que lo ponga alrededor de su cuello va a sentir que es sábado por la tarde y oirá una melodía de Gershwin. ¿No le gusta Gershwin? Entonces pruebe con esta bufanda, se quedó anclada en un concierto de los Rolling en el año 1979. Va a pasarlo usted genial, ya me contará.
Si se lleva este juego de café, cada vez que lo utilice le llegaran imágenes del líquido que contenga la taza, yo una vez tomé un café tan fuerte que viajé a Colombia desde mi salón. Fue bonito, pero me resfrié. Un paisaje precioso, eso sí.
¿Este espejo? Es un poco peligroso. Refleja las vidas que no hemos vivido. Sólo debe comprarlo en dos situaciones, la primera que esté usted perfectamente feliz con sus decisiones vitales. La segunda que sea usted profundamente infeliz con ellas. En el primer caso se dará cuenta de la suerte que ha tenido con los caminos escogidos. Pero si es usted infeliz, puede ver sus otras vidas como si viera la televisión. Para entretenerse un poco. Y quién sabe si en algún momento le inspirará para vivir su vida como quiera. Ya sabe que todo lo que usted desee está a una decisión de distancia.
Veo que le interesan los libros antiguos. Estos le contaran historias interesantes, no tienen nada de sobrenatural, pero al mismo tiempo tienen toda la magia de un libro ¿qué más podría pedir? En el fondo un libro es el objeto más poderoso que existe, pero también el más complejo, no todo el mundo sabe utilizarlo.
No compre esta alfombra. Está maldita. Se pierde y aparece en los lugares más insospechados. No sé que hace aquí, la verdad es que no quería venderla. Hace años que la tengo encerrada en mi armario de cosas para reparar, pero aparece aquí cada domingo. No se deje engatusar, está tejida con la seda de Cachemira y parece una ganga, pero le va a traer más de un dolor de cabeza, sobre todo porque cuando se pierde nunca regresa vacía. Una vez vino con un señor desconcertado, otra con una moneda celta y otra, para mí la peor, vino con día perfecto de verano, desde entonces nunca he podido vivir otro igual, ya que todos los comparo con aquél. Llévesela y no me la pague, me sentiría mal cobrando por ella.

Creo que con este extraño post, lo que quiero decir es que somos lo queremos ver, y vivimos lo que queremos vivir. Nadie debería conformarse sólo con lo que se muestra a simple vista, eso reduce la vida a simple existencia. 

Sigo con mi lunes, le doy un descanso a mi mente y me pongo a trabajar. Mi reloj aún no marca las 3 y 10. Os dejo con una orden que a la vez es un deseo. Soñad con aquello que deseáis. Y naturalmente, sed felices.


lunes, 13 de noviembre de 2017

COSAS QUE HACES UN FIN DE SEMANA LARGO.

Noviembre nos trae el final del buen tiempo. Y con eso los festivales de jazz, el cine, el aroma de castañas por las calles y las infusiones té con canela.
Voy a comentar alguna de las cosas que he visto estos últimos días.
Como una comedia siempre viene bien, me animé a ver el estreno de la nueva película de Berto Romero y Carlo Padial, “Algo muy gordo”. Pero no me reí mucho. Aunque tiene algún gag bueno, y se le nota la intención de comedia un poco distinta, me descolocó bastante. Berto por supuesto está impecable, pero es que mi debilidad por este señor no me deja tener ninguna opinión objetiva. La historia trata del rodaje de una película en “croma”, y puedes sentir la dificultad de los actores que trabajan con ese sistema. Todos los actores que salen son buenos pero siento decir que la película mejora bastante cuando Carlo Padial se retira y coge la historia Berto. Podía haber sido algo muy bueno y divertido, pero no. O quizá no supe entenderla. 
Decepcionadilla por esto, decidí hacer una doble sesión como cuando era pequeña y fui al estreno de “La librería” lo último de Isabel Coixet. Y tampoco me convenció. Empieza con un toque que recuerda un poco el ambiente de “Chocolat”, pueblecito cerrado donde se instala una librería. En el pequeño pueblo están reunidos todos los clichés del mundo. La viuda tímida y valiente, la niña despejada y descarada, el misántropo que en el fondo es una buena persona y vive dentro de los libros, la mala excelentemente vestida e impecablemente interpretada por Patricia Clarkson y el aprovechado vividor, traidor y malísimo de la historia. Abusando de las pausas dramáticas, y con personajes más planos que las extensas llanuras de La Mancha, casi me duermo. Lo siento. Echo de menos a la directora de “Cosas que nunca te dije”. Echo de menos los diálogos buenos que no necesitan frases que parecen sacadas de una taza de Mr. Wonderful.
Y termino hablando de cine con algo que sí recomiendo.
“En cuerpo y alma”. Película búlgara de la directora Ildikó Enyedi. Con una deliciosa y atípica pareja protagonista que se atreve a superar las dificultades y lucha por conseguir la felicidad, que a veces es más sencilla de lo que parece. Un viaje por la soledad, el dolor y el amor. No voy a decir nada más. Hay que verla.

También cabe en mi fin de semana muy cultural algo de música. Dentro de los conciertos del festival Jazz Tardor de Lleida, ayer asistí al de Wallace Roney. Un trompetista y su quinteto que me hizo viajar en el tiempo y el espacio con una gran actuación en el “Café del Teatre”. Hay que mencionar la increíble interpretación del jovencísimo saxo Emilio Modeste, oiremos hablar de este chico.  Es difícil explicar lo que sientes cuando vas a un concierto de jazz y lo disfrutas. Empieza con las primeras notas y vienen las mariposas al estómago, después sin darte cuenta, algunas sintonías rescatan o descubren imágenes que a lo mejor tenías en tu cabeza o a lo mejor tu cabeza acaba de inventarlas para ti. Y lo mejor de todo, cuando los músicos se sueltan y tú te sueltas con la música y en tu mente las imágenes que veías son sustituidas por notas que se transforman en colores, sobre todo en color azul. Es como un gran final. Después la canción suele morir, y te sientes como si llegaras a la orilla después de hacer una gran travesía nadando a mar abierto. Cansada y feliz. 
Otra cosa que me seduce es cuando veo a los músicos salir a escena sin partituras. Con la valentía de empezar un viaje sin mapa y sin reserva de hotel para dormir. Y me viene a la cabeza una frase que me decía un amigo que toca la batería, “ensayar es de cobardes”.

Sé que os esperaríais que pusiera una canción de jazz para cerrar el post, pero también sé que nadie la va a escuchar, así que elijo una canción de una de las películas que vi. Esta semana salid a escena sin partituras y sed valientes, pero sobre todo sed felices.


PEQUEÑO DICCIONARIO VISUAL DE SENTIMIENTOS Y EMOCIONES.

Ya han pasado las fiestas de Navidad y me niego rotundamente a hablar del “Blue Monday”. Allá cada uno con sus penas y alegrías, no dejemos...